Ex novia avisada, no muere en guerra

Despechada pero con la frente en alto

(Del mismo protagonista de Competencia Ilegal)

El primer rollo de sushi me supo a mierda. No  entendía las razones por las  cuales él prefirió a esa tipa de pelo teñido,   que en sus zapatos reflejaba su mal gusto y con su vestido corto de tela barata, su pésima forma de vestir ¡Absurdo! Pero aún sigo sin comprender y sostengo que era mi única defensa. No había punto de comparación entre las dos, éramos muy diferentes.

¿Qué si lo amaba? Hubiese dado cualquier cosa porque estuviera agarrado de mi mano y mirando mis ojos y no los de ella.

-¡Maldita loba! Respiré profundo y con ganas de desaparecer.

Lo saludé como si nunca hubiese llorado por él. El beso de Judas en su mejilla. Él me miró  sarcásticamente y de inmediato reconocí su incomodidad. Yo conocía cada gesto de su cuerpo y  amé hasta sus malos ratos.

Le esquivé un par de veces la mirada, no tenía sentido mirarlo. Él estaba acompañado por ella, a quien había elegido como su novia y sin cabida a las lágrimas, el brillo de mis ojos estorbaba.violet

Me mordí la lengua para no decirle mil palabras que tenía amarradas en mi garganta. Ya no era necesario seguir aumentando mi angustia, no valía la pena.

Tomé un sorbo largo de agua, me levanté de la mesa donde estábamos compartiendo como amigos. No podía creer tan mal gusto y  tanta hipocresía de ambos.

Entré al baño para respirar profundo, así calmé mi ansiedad. No sé de dónde carajos saqué tantas fuerzas para no llorar, porque no  lo voy a negar, me estaba muriendo. El peso en mi corazón me ahogaba hasta la parte funcional y racional de mi cerebro. Estaba a punto de explotar, quería gritarle a esa loba toda la mierda que me hacía sentir.

- ¿Por qué sonríes orgullosa? Y a él ¡Maldito traicionero! ¿Por qué sonríes tanto?

Cuanta estupidez junta. Me contuve, gracias Dios porque me contuve y no hice el ridículo peleando a alguien para quien yo no significaba nada.

El sanitario fue mí salida de emergencia, vomité el sushi y mi dolor. Esos desagraciados celos que me acosaban  y me hacían infeliz.

Me miré en el espejo, me lavé la boca y me retoqué el maquillaje.

Salí como si nada me pasara. Nada esa noche me haría daño. Era suficiente verlo con otra y no tenía derecho a sentirme ofendida.

Yo tenía mi orgullo engrandecido y jamás permitiría que esa noche el notara que me había matado y menos que descubriera que lo que veía en pie, era mi alma en pena que intentaba defenderse y salvar su dignidad.

Él buscó la excusa perfecta, acusándome de infiel. Cuando yo solo veía por sus ojos, cuando, yo solo podía desear besarlo. No fue justo con su verdad porque quiso opacarme a mí para escudarse de su poca hombría.

Aún tengo en mi memoria el momento en que soltó mis piernas y me gritó con tanto veneno y alejando toda la pasieb707890-f0c9-4915-bdb8-99c7c2800cbbón con las que tantas noches nos hicimos uno solo.

-¿Con quién te acostaste? Estaba llenó de ira y  sentí su odio invadiendo hasta mis huesos. ¡Es un mordisco!

No entiendo por qué necesitaba excusas para dejarme. Yo tenía un hematoma en mi nalga izquierda, provocado por una patada de Andrea en una de sus tantas borracheras.

¿Por qué no podía creerme que fue así?

Él siempre pensaba lo peor de mí, pero esa noche creo que estaba llenando su cabeza de pretextos para poder tener argumentos para olvidarme y dejarme sin arrepentimientos.

Se levantó el pantalón, cerró la corredera y se apretó el cinturón.

Estoy segura que si hubiese tenido el valor de partirme la cara,  lo hubiese hecho. Pero guardó la cordura, por lo menos en eso.

Me sujetó fuerte por mi brazo y me paró de la cama con tanta brusquedad, que alcanzó a romperme la camiseta.

Me duele aceptarlo pero él solo estaba buscando una excusa para decidir alejarse de mí, porque aunque lo niegue, no podía hacerlo, estaba enviciado conmigo.

Por mucho tiempo logré que me necesitara, me le metí en la sangre como una droga y estaba adicto a mis besos y a mi forma de amarlo, lo sé, lo conozco.

¡Es un traicionero! Lo repito.

Yo lo adoraba y lo complací hasta en sus malos gustos. Le di lo mejor de mi corazón, pero él lo  destrozó.

Y esa noche en  la puerta de mi casa, se llenó de valor y de odio. Logró soltar ese nudo que lo asfixiaba y me partió el alma en mil pedazos.

-¡Tú y yo no podemos seguir! ¡Ya no siento lo mismo!

Y se me vino el mundo encima, con sus  colores bonitos y las maravillas que viví a su lado.

¿Hay palabras que destruyan más que las que dejan al descubierto un amor no correspondido?

Lo miré, no pude contenerme.

Yo lo presentía, él había cambiado conmigo y yo también. Había cedido terreno y dejé espacio para que pensara que sin mi podía seguir caminando a paso firme. Necesitaba entender que me enamoró de él, si yo todo se lo daba y lo único que hacía con honores, era hacerme sufrir.

¡Que te quise, que te quiero, pero que ya no! ¿Eso qué era? ¿Un trabalenguas? ¿Una cobardía?¿O un hombre aburrido de barrer con la misma escoba? Sin dudas, todas las anteriores.

Lo abracé contra mí, lo lloré desde mis entrañas. No quería soltarlo. Se me iba la vida con su indiferencia. Espinas que me herían y desgarraban mi piel.

Le tomé fuerte la mano, esa mano que fue tan mía y capaz de mantenerme pegada a él.

Quise  escuchar de sus labios.

-¡No me creas, solo estoy muerto de celos!  Pero no, no sucedió. Me armé de fuerzas y con voz entre cortada le dije.

-¡Yo te puedo obligar a todo, menos a que me ames!

Sus ojos estaban perdidos, ya no me miraba con angustia y ya no tenía miedo de perderme. Lo abracé, él me abrazó con más fuerza. Al oído me dijo en voz muy baja

- ¡Ya pasará!

Y lo lloré sin consuelo, sentí que se me iba la vida con su despedida. De pronto soltó mi mano y le acepté su adiós, aunque se estuviera matando la idea de pensar en que nunca más volvería a verlo.

Intenté detenerlo, me aferré él y lo abracé otra vez a mi cuerpo y  casi sin poder hablar le dije.

-¡Sin ti no tengo vida!

Y él Me respondió.

-¡Es lo mejor! En ese mismo instante sentí como moría.

Su mirada estaba tan ausente que mi amor ya no alcanzaba para los dos.

Y no tenía consuelo, ni ilusión. Era mi amor, ese mismo que  me soltaba la mano y me dejaba sin piedad a mi albedrío.

Me dio la espalda y le quise gritar.

-¡No me dejes! ¡Te quiero! me amarré la lengua para no hacerlo.

Intenté comprender qué me enamoró de él y pensé en esas mismas incoherencias para desenamorarme.

Tantas dudas,  desespero, esfuerzos decaídos y  mentiras que decepcionaban.

Mi habitación fue testigo de todo lo que lo lloré. Fue difícil entender porque yo lo estaba amando con tanta intensidad y a él se le hizo tan fácil echar a la basura los días de risas y  pasión que compartimos. Esos mismos donde nos olvidábamos del mundo y hacíamos uno solo para los dos.

No tuve vida ¿Y ya para qué esa vida? si al cerrar la puerta ya no volvería más.

Él estaba ahí, como una estatua, con esa maldita camiseta roja de su equipo de fútbol favorito que le había regalado de cumpleaños.

¡Que divertida es la vida!

¿Qué si lo amé? No tengo dudas ¿Que no éramos compatibles en nada? Tampoco.

Añoraba un nuevo hombre para mí. Seguro y amable, que fuera ambicioso y  tuviera expectativas de sobresalir más y así conseguir mejores horizontes. Lo quería,  pero nada de lo que lo rodeaba me hacía feliz ¿Y entonces? ¿Tenía sentido seguir? Definitivamente no.

Y ahora me pregunto ¿Quién es la víctima, él o yo? Él  que aguantó mi mal humor, mis celos posesivos y mimiprimer inconformismo. O yo que aguanté todo lo que no me gustaba de él bajo la bandera de que no podía vivir sin su mirada, porque dejar de ver sus ojos era morir.

-¿De qué me sirvió? Al mes estaba con otra. Feliz, enamorado y agarrado de su mano.

Lo perdí de vista en la discoteca. Saqué de mi bolso las llaves de mi carro, caminé sola hasta el parqueadero, me subí y me fui. Lo lloré una vez más, lo lloré mientras manejaba,  encerrada, sin que nadie supiera cuanto me había dolido verlo con otra esa noche. Grité de dolor, los vidrios del carro esta vez no se empañaban por buen sexo, ni mucho menos por escenas donde lo enloquecía complaciendo sus deseos y adueñándome de sus arrecheras.

Llegué a mi casa en menos de 15 minutos y antes de dormir, me hice la idea que solo era una pesadilla, aunque estuviera consciente que era más real que cualquier otra cosa, tomé mi computador y me desahogué.

Le regalé por última vez, lo más sincero de este corazón. Tenía que hacerlo porque como él alguna vez me dijo con recelo ¡Tú le  escribes a todos tus amantes! La respuesta es sí, y también a todos los que olvido.

“A pesar de todo, créeme que te llevo en mi corazón. Aún no puedo perdonarme haber creído que esto tenía sentido. Y tenías razón, yo no soy ninguna víctima, porque te quería solo para mí y sé que fui posesiva y muchas veces no me importó lo que sentías o querías  porque solo me importaba tenerte a mi lado.

No me perdono haberte querido tanto y que tú pensaras que nunca tendrías algo de verdad conmigo. Ayer entendí que  debo pasar la página. Te deseo lo mejor, aunque cuando me salgo de mis casillas (casi siempre) te diga tantas cosas sin sentido. Te quise tanto amor. Ya nada de lo que prometí será, ni nuestro viaje a Europa, ni nada. Te extraño mucho, pero llegará el día que ya no lo haga más, así como tú, que has comenzado una vida sin mí.

¡Sé feliz! (Aunque la verdad quisiera que todas las noches me recordarás y sufrieras el mismo insomnio del que soy prisionera)

¿Te confieso algo? Sigues teniendo los ojos más bellos, pero sin el mismo brillo en la mirada.

Las lágrimas recorrieron mi cara y mojaron hasta mi pecho.  Era mi cama y las paredes mis únicos testigos. Mi frustración ahogó toda esperanza y suspiré ese dolor que ya no tenía más lamento, ni razones para llorarlo. Sus besos ya no eran míos y sus manos se regocijarían en otra piel.

Cerré los ojos y pensé en lo  único que estaba segura mientras estuve con él.

¡Tenía tanto miedo de perderlo y lo perdí! Y esta vez ya no tenía fuerzas para detenerlo una vez más a mi lado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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