Mi ex vale cero centavo

@historiasdecama

Por Violeta
La venganza: ¡Él ahora era una persona normal!
(Del mismo protagonista de Lengua Perversa y Competencia Ilegal)
Había tensión en el ambiente. Solíamos irnos a escondidas a desgarrarnos el cuerpo en cada beso. No tengo dudas de lo loca que estaba por él y que su olor me perseguía cada instante de mi soledad. Con él descubrí que no hay excusas para desbordar las pasiones que se llevan dentro.
Me miró con disimulo cuando se dio cuenta que estaba leyendo su mensaje.
-¡No te vayas sin mí! Escribió.
Cerré el chat del celular y seguí como si nada. Había mucha gente conocida en la reunión. Las sospechas sobre nuestro romance tenían más de un testigo, pero a mí ya no me interesaba el ruido que traía su divulgación. Finalmente yo nunca negué nuestros desenfrenados encuentros.
Me acerqué a la mesa por un trago, sentí su aliento sobre mi cuello. Alcancé a incomodarme, con el recuerdo del olor de su cuerpo  cuando era mi mejor medicina.
-¿Por qué no me has contestado el mensaje? Me dijo sin quitarme la mirada de los ojos.
Lo miré también y recordé las ansias del brillo de esos ojos claros que aún tengo dudas si alguna vez murieron por los míos.
Le di la espalda y me senté en un sofá, él se me sentó al lado.
-¿Te vas conmigo? Me preguntó mirando hacia el frente. Aún reconozco que es incapaz de decirme sin pelos en la lengua lo que siente. violeta
No le contesté y seguí tomándome el trago que tenía.
-¡Me falta hielo! Le dije revolviendo el contenido del vaso.
-¿No me vas a contestar? Me insistió.
Volteé mi mirada hacia él.  Tomé de un solo sorbo el trago y no tuve que llenarme de valor para decirle sin remordimientos.
-¡Te estoy contestando! Sin quitarle la mirada de encima.
-¡No! ¡Leíste el mensaje, pero no contestaste! Dijo sin entender mi actitud.
-¡Te estoy contestando! Le repetí.
Me miró desconcertado.
-¿Nos vamos juntos? Volvió a insistir.
Yo reconocía esa  cualidad tan cínica que lo caracterizaba. Esa capacidad de desear lo prohibido y de saciar solo sus ganas sin importar los medios para lograrlo.
-¡Cuando me dejaste por tu ex novia, yo respeté tu decisión! Quiero que respetes la mía ahora. Le dije.
Sentí amargura en sus gestos. Sé que su intención era lograr lo que se proponía y no estaba dispuesto a perder. Estaba acostumbrado a que yo siempre cedía a sus peticiones.
-¡Vamos! Me ordenó.
No podía creer lo que escuchaban mis oídos, hace más de un año él me había dejado en la puerta de mi casa bajo argumentos insostenibles y que solo apuntaban a que era por otra mujer. Otra que lo hacía sentir más que yo y  que seguramente si lo tenía enamorado, más allá de encuentros sexuales.
-¡Eres tan egoísta! Le dije después de servirme otro trago.
-¡No entiendo porque te haces de rogar! ¿Cuántas veces te voy a decir que eres la mejor en todo? No he encontrado nadie mejor que tú. Me dijo sin titubear.
-¿Y por qué me dejaste?
Lo miré con ganas de partirle la cara. Yo había llorado su desamor y él intentaba regresar a mí solo porque su ex lo había engañado, se había casado con el mismo hombre con el que le había sido infiel y ahora estaba embarazada.
-¡No estoy interesada! Le contesté y mi intención nunca fue de venganza. Aunque él había tomado las cosas por ese camino.
-¿Por qué eres tan orgullosa? Me dijo con un aire de desagrado.
-¡No es orgullo!
-¡Entonces vámonos juntos! Tengo muchas ganas de hacerte…
-¡Ya te dije que no! Le interrumpí el final de la frase.
Tomé mi bolso y me despedí de todos. La gente se sorprendió con mi despedida, pero no estaba dispuesta a dar detalles. Me acerqué a él para darle un beso en su mejilla como símbolo de que todo estaba bien, que éramos amigos y nada iba a lograr cambiar ese nuevo estado. Pero él siempre tuvo su orgullo de hombre por encima de todo y esa incontrolable forma de hacerme sentir mierda sin alterarse por mis sentimientos.
-¡No me toques! Me gritó entre dientes y me empujó para evitar que me despidiera.
Lo miré con odio y con la misma sensación que quedé la noche que me dejó. No le dije nada y salí del apartamento.
Su comportamiento no cambiado en nada y su única intención era llevarme a la cama por esa noche y al día siguiente actuar como si nada hubiera pasado.
Tomé el ascensor y salí del edificio. Mis pensamientos me atacaban y mientras caminaba no evité arrepentirme de todo el  tiempo que estuve  ilusionada con un hombre tan miserable como él. Una lágrima logró escaparse, me la sequé con rapidez aunque fue inútil porque otras más se apresuraron a salir.
Subí al carro y antes de prenderlo leí su último mensaje.
-¡Estás a tiempo de irte conmigo!
Pensé en responderle pero opté por ignorarlo como tantas veces él lo hizo. Finalmente no era por venganza como creían sus ideas.
Yo no accedí a sus peticiones carnales como tantas veces lo hice en el pasado. Morí por verlo día y noche, me trasnoché en sus brazos y bajo su olor, pero esta vez  para mí era uno más en el mundo, una persona normal. Simplemente, ya otro ocupaba su lugar, y sí, era Abraham.

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  1. ekeholee

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