Un motel en California Parte 2

@historiasdecama

Segunda parte

-¡Eres la mejor! ¡Lo has sido siempre! Me dijo susurrándome al oído. Sentí como gemía de placer y eso me excitaba aún más.

Alcé mi pelvis para sentir más mi placer, lo complací moviéndome a su ritmo, le pedí cambiar de posición y me puse en cuatro.

él agarró con sus dos manos mis nalgas, hizo presión.

violeta

Sentí como la sangre me recorría el cuerpo, cada vez que me toca es como si prendiera una fiera salvaje en mí. Me conoce y yo lo conozco.

Había un cuadro grande en la habitación, en su vidrio se reflejaba nuestros cuerpos desnudos apareándose como animales, gimiendo y gozando.

-Mira como nos vemos, expresó.

Miré el vidrio, mientras él se sacudía entre mis nalgas y su pene rozaban con gratitud mi clítoris.

Vi en su cara y en sus movimientos las ganas de caer derrotado sobre mí.

-¿Quieres venirte? Le pregunté, pero ya sabía la respuesta.

-¡Quiero que mi semen recorra tu sangre!

-¿Quieres un bebé? Le saqué una sonrisa.

-¡Contigo quiero todo! Pero bebé, aún no.

Aceleré mi orgasmo, revolcándome de ganas, me moví para que las profundidades de mis paredes disfrutaran más de su pene a punto de estallar.

-¡Dame más duro! Le dije. Me conoce, cuando me da más duro, quiere reventarme hasta hacerme venir.

Lo sorprendí con varios gritos que le expresaron mi júbilo. Vi en sus ojos el brillo de la lujuria, detrás de mi venía él.

Dejé que su esperma recorriera mi espalda, me complacía hacerlo venir.

Cayó abrazado a mi espalda e impregnado de su destello.

-¡No quiero dejar nunca de comerte! No entiendes como me siento cuando estoy contigo.

Me volteé, mi cuerpo se enredó entre las sábanas blancas, sucias de nuestros deseos.

-¡Si entiendo! Porque es lo mismo que yo siento. Rozó sus manos sobre mi cuerpo desnudo y complacido.

-¡Me voy a duchar! Y se puso de pie.

Lo observé por segundo. Su cuerpo marcado.

-¡Nos duchamos! Para ahorrar agua. Le dije para sacarle una sonrisa, afortunada fui en lograrlo.

El agua caliente limpió nuestros cuerpos,  enjabonó mi espalda y mi vagina. Me secó con la toalla y me acostó  desnuda en la cama. Tomó sábanas limpias y me arropó. Me dio un beso largo, profundo y tranquilizador.

Quedé dormida y él se desveló trabajando, como solía hacerlo casi todas las noches. Decía como excusa, que era para poder cumplirme los caprichos de desayunar y tomar café, almorzar en un buen restaurante y cenar sushi. Un leve ruido me despertó y lo descubrí, como tantas veces, observándome en las madrugadas mientras yo soñaba con él.

-¿Qué haces?

-¡Eres divina! Y volteó su mirada a su computador nuevamente.

 

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