Virgen sin pedestal

@historiasdecama

Mvioletai vida se transformó y se partió en dos desde el día que perdí mi virginidad. No sabía la perra que había dentro de mí hasta que sentí por primera vez el pene duro de un tipo dentro de mi vagina. Aún recuerdo cuando mordí con desespero su mejilla mientras le suplicaba que no lo metiera porque me dolía.Me angustiaba imaginar que si esa era la sensación sólo por la "puntica", el armamento completo me iba reventar cuando entrara en mí.He cambiado mucho desde esa época. Durante el colegio y los primeros semestres de la universidad, la gente casi siempre solían hacer burlas sobre mí. Según las chicas de mi edad ¡Pobres perfectas criticonas! Yo era el patito feo y dejé que hicieran de mí una mujer simple sin voz.

Mi niñez y pubertad estuvieron llenas de complejos. No me canso de reír cuando veo las fotos. Solía esconderme y apretar mis tetas porque pensaba que eran muy grandes. Me enojaba cuando me hablaban sobre sexo e insinuaban que estaba falta de el.

Fui víctima de la sociedad ¡Acomplejada del demonio! Sin saber que una mujer sexy e interesante se hace y no nace. El brillo de mis ojos ya no delata la inseguridad de aquellos días.

No era una mojigata. Era que no había conocido a alguien que produjera aquel efecto hechizante y manipulador para entregarle mi virginidad.

Tenía 19 años y no sabía que era el sexo más allá de comentarios y escenas de películas o novelas. Le agrego que nunca había visto a un hombre desnudo y tampoco nunca nadie me había visto con las tetas al aire y sin calzones. Una chica totalmente vulnerable y temerosa.

Después de un tiempo de manoseos y besos a escondidas accedí a dar el paso. Todo fue bastante simple. No hubo cena romántica, ni nada. No me compraron flores y ni siquiera me
dijeron que me amaban. Una noche de rumba cualquiera me llevaron a un motel y ya. Toma que esto es lo tuyo y  literalmente me comieron.

Lo peor de mi primera vez fue la falsa expectativa y la precaria sensación de goce. No lo disfruté nada. Duré más de 4 días con malestares y dolores. Me sentía cansada e intranquila. Los inicios de mi sexualidad me angustiaron mucho, tanto que fueron una tortura.

No sé si él fue el homvioleta camabre indicado, pero creía estar muy enamorada e incapaz de ceder en la cama con otros.

Afortunadamente después rompí con ese embrujo ¡Que locura! Perdí mucho tiempo teniendo sexo con el mismo tipo. No lo digo porque él fuera mal polvo, para nada. Mucho tiempo después encontramos la conexión y tuvimos buenos acercamientos.

El verdadero dilema del asunto era que yo tenía que probar muchos penes duros para saber lo que ahora sé.

Revolcarme un par de veces porque sí, otras por amor y muchas de esas por pasión. Sentir manos en mis pezones. Aceptar muchas lenguas en mi clítoris y ¿Por qué no? Dar el culo un par de veces.

Ya no me da pena que me vean desnuda, al contrario, me encanta. Puedo mostrar mis tetas sin miedos porque no son grandes como pensaba y lo mejor de todo, es que sé reconocer cuando un tipo es buen polvo y cuando definitivamente no merece una segunda oportunidad en mi cama.

Yo no hablo bajo los argumentos de los estándares, sino sobre mis criterios, que finalmente son los que me interesan.

Ahora tengo la edad perfecta gozo de un no sé qué, en no sé dónde que atrae a los hombres. A pesar de no ser la más bella, la sensualidad que abarca  mis ojos apunta como rifles de guerra, directo a la víctima.

Aprendí a ser astuta. Situaciones comprometedoras han hecho de mí una mujer de preguntas, pero sin respuestas. Ya perdí la cuenta de los hombres que han besado mis labios y  ya dejé de anotar en mi mente cuantos han disfrutado de mi cama.

Aunque no siempre me ha ido bien,  en muchas ocasiones ha valido la pena dejar atrás prejuicios morales que sólo traen ataduras y un toque de mojigatería.  Tengo como convicción de que el sexo con amor o por lo menos con atracción, es mucho mejor que hacerlo porque sí. Aunque estoy muy segura que involucrar los sentimientos siempre es mala idea cuando sólo de vivir el momento se trata.

Tengo muy claro que yo me llevo a la cama a quien yo quiera y no a quien me toque. Yo elijo y esa es mi filosofía, aunque muchos por ahí se queden con las ganas

¿Mi fantasía? ¡Tirarme justo al que yo esté deseando! No hay nada me que moje más que los dedos que me gustan me estén deleitando.

2 Comments

  1. Me agrada su forma de escribir.

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